Bienvenido a Collagium. Un espacio donde se muestran de forma desordenada pequeños instantes congelados de una vida, pensamientos, reflexiones, proyectos... Todo lo que un día tras otro me interesa y conforma pedazo a pedazo mi existencia.


lunes, 17 de mayo de 2010

Lunes de lunes.

Julieta me está llamando desde el garaje. Su voz profunda, esa voz que atraviesa los espacios vacíos y los muros que los separan y que en realidad surge desde lo más profundo de la repugnancia del alma, me dice: ven, vámonos a disfrutar del sol que ya calienta los huesos y del aire que todavía está fresco y de los paisajes, esos que se esconden más allá de la próxima curva, más allá de la siguiente loma, cada vez más exóticos cuanto más te acercas al horizonte. Vámonos a fundirnos con el asfalto, la tierra, el paisaje, y el viento en un negro remolino de plata, para ser como un suspiro que cuando se ha exhalado ya no es más que un recuerdo vago y sin sentido.

Un gusanillo con ojos pillos me mordisquea el alma tiernamente. Pero mi alma está prisionera, le atan unas cadenas de oro y platino y otras de cuero y tachuelas, nada tan resistente que no se pueda romper si se da un tirón decidido pero los mordiscos del gusano son juguetones y no son suficiente acicate. ¿Si el gusano muda de humor un día y muerde con saña, estará mi alma decidida a la batalla y a la huida? ¿O se quedará acomodada viendo como se pierde, pedazo a pedazo y lamentándose de las flojas cadenas que le atan? Mientras tanto todo es sueño.

sábado, 15 de mayo de 2010

Zapatos para Julieta (2ª Parte)

(Viene de Zapatos para Julieta)

Han pasado dos meses y medio desde que publiqué la primera parte de esta entrada (ver aquí), aunque a mi más bien me ha parecido un siglo. He tenido una vida personal y profesional muy intensas y casi no he parado en Madrid. Si a estos compromisos se les añade que el tiempo está revueltillo y que llueve día sí, día también. ¡No he podido salir con mi moto para probar las ruedas nuevas! Cada vez que bajo al garaje Julieta me mira con esa cara triste que sólo ella sabe poner con su único ojo en el centro del morrito y sus dos retrovisores caídos de tristeza y soledad. Por fin el sábado pasado el tiempo nos daba unas pocas horas de tregua por la mañana que mi amigo y compañero Luís con su FZ6 N (Fazer 600 naked) y yo aprovechamos para dar una vuelta. ¡Por fin podría poner a prueba mis Pirelli Angel ST!

Quedamos en Plaza de España no muy temprano, la ruta era corta porque no confiábamos en que no lloviese. La idea que teníamos en mente era salir de Madrid por la Autovía de Extremadura y desviarnos hacia San Martín de Valdeiglesias a la altura de Navalcarnero por la M-507. Hay varios tramos de curvas bastante buenas en esta carretera. Después subiríamos por Robledo de Chavela hacia la conocidísima Cruz Verde a tomar una "sin alcohol" y vuelta a casa por El Escorial y Galapagar.


Ver mapa más grande

Yo estaba a la vez emocionado y preocupado ante la prueba de los nuevos neumáticos aunque al final de la ruta demostraron que no había ningún motivo de preocupación. Hasta llegar a San Martín de Valdeiglesias hubo mucho tráfico. Rodamos prácticamente todo el camino detrás de inmensas filas de coches lideradas por entrañables ancianos al volante de sus venerables coches, todos tenemos derecho a usar las carreteras aunque a veces nos creamos que somos los dueños. Los tramos donde está permitido adelantar en estas carreteras reviradas y llenas de rotondas son escasos y no queda más que practicar la santa virtud de la paciencia. Como no hay mal que por bien no venga, durante este tiempo yo tuve oportunidad de ir haciéndome con los neumáticos e ir aumentando paulatinamente la tumbada en las curvas y mi confianza en ellos.

Por fin pasado San Martín de Valdeiglesias encontramos el primer tramo sin tráfico y pudimos disfrutar primero de un tramo largo con curvas rápidas y abiertas y luego en la subida a Robledo de Chavela de una carretera lenta, revirada y muy divertida. Aquí es donde pude probar de verdad los Angel ST. ¡El resultado fue espectacular! La moto se maneja mucho más fácilmente que con los antiguos BT020. Eliminan gran parte del cansancio de los brazos, por no tener que soportar las vibraciones del manillar provocada por el escalonamiento de los últimos. El perfil del Angel ST es redondeado igual que es de los anteriores BT020, no picudo como el del Pilot Road II. No he notado gran diferencia a la hora de tumbar la moto o meterla en la curva, que puede ser por mi falta de experiencia valorando distintos neumáticos. Sólo una profunda sensación de control y seguridad. En varias curvas de 180º, tanto a un lado como a otro, las estriberas llegaron a arrastrar contra el suelo. Sí sí, he escrito bien, no he puesto rozar, he puesto arrastrar, porque eso fue lo que hicieron. Se arrastraron por el asfalto durante un tramo de la curva. No había sensación de descontrol ni de peligro, ni siquiera de que se estaba llegando al límite del neumático, aún parecía que se podía tumbar más con total confianza. ¡Lastima que me preocupe rozar las maletas!

Durante el primer tramo de curvas ámplias de subida era yo quien iba delante y en varias curvas llegué a alejarme ligeramente de mi amigo Luís con su Fazer. ¡Para que luego algunos vayan diciendo por ahí que la Deauville es un cacharro! Sólo hace falta tener unos buenos neumáticos y algo de experiencia con la moto.

Llegamos a La Cruz Verde con una gran sonrisa en los labios y con muchas incidencias que comentamos tomando unos refrescos y un par de pinchos de tortilla que resultaron de lo más sabroso. Afortunadamente la lluvia nos respetó los suficiente como para que comenzase a llover cuando ya habíamos aparcado las motos sanas y salvas en Madrid.

Definitivamente puedo afirmar que he ganado mucho con el cambio de los neumáticos. Si unimos las impresiones del comportamiento de los Pirelli Angel ST en ciudad que ya comenté en la otra entrada (ver aquí) y las que he apuntado aquí podemos concluir que:
  • Los Angel ST son unos neumáticos con un tiempo de calentamiento corto.
  • Tienen un buen comportamiento en mojado, buen agarre y cuando deslizan son nobles y predecibles.
  • Tienen un perfil redondeado neutro que ayuda a que la transiciónes entre curvas sean suaves y agradables. Quizá es este punto el que menos me gusta. Claramente representa una ventaja para el acompañante, cuando se rueda con paquete pero para ir sólo preferiría que fuesen más agresivos.
  • Permiten unas tumbadas muy pronunciadas y transmiten una gran seguridad incluso cuando se llega al límite por geometría de la moto.
Quedan dos puntos por conocer, a saber, la durabilidad que sólo con el tiempo se puede determinar y si son tan precedibles y nobles en seco como lo son en mojado, lo que excede por mucho la capacidad de pilotaje de este motero.

En resumen unos neumáticos estupendos y una fantástica mañana de ruta para contar y recordar.

jueves, 22 de abril de 2010

En Goldwing por Nevada

Más fotos en Picasa

Lo que más me sorprende cuando llego a Estados Unidos es lo grande que es todo: los coches; los vasos de Cocacola; la gente; las raciones de comida... Hasta las palabras son grandes. Allí nada es "good" o "nice" todo es "awesome". ¿Qué opciones te deja esto para alquilar una moto en Las Vegas, la ciudad del exceso? Una vez que ya llevábamos una semana allí y estábamos medio adaptados al estilo de vida ¡No vas a alquilar un Vespino! Estuvimos considerando dos opciones: una Electra Glide o una Goldwing. Si hubiésemos llevado una semana más en USA seguro que habríamos alquilado la Electra Glide que hace más ruido. Pero con sólo una semana aún nos quedaba algo de europeo dentro y nos decidimos por la más discreta Goldwing.



Nos dirigimos a un prestigiosísimo negocio de alquiler de motos donde fuimos maravillosamente atendidos por una chica que curiosamente nació la misma fecha que yo aunque unos años después. Una vez pagados los $1000 de fianza por la motarraca salimos a rodar por el centro de Las Vegas: "The Strip", la calle donde están todos los hoteles que vemos en las pelis.


La moto me sorprendió muy gratamente. Por supuesto es un dechado de tecnología, todo lo que siempre has soñado tener a bordo de una moto lo tienes instalado de serie: navegador, radio/cd con entrada para MP3, control de la presión de las ruedas, control de crucero, cierre centralizado, marcha atrás... En parado no es tan torpe como pudiera parecer en un principio aunque la marcha atrás es imprescindible si no quieres tener que andar reclutando transeúntes para que te ayuden a desaparcar. Una vez que la moto está en movimiento el centro de gravedad tan bajo que tiene es de gran ayuda y al final resulta una moto relativamente ágil, eso sí, olvídate de serpentear entre los coches... que por cierto en EEUU no se hace, las motos van tranquilamente detrás de éstos, en amor y compaña. Lo que sí me disgustó de la moto es lo difícil que es mantener la estribera alejada del asfalto, en curvas cerradas hay que ir con cuidado y entrar relativamente despacio para no llevarse el sustazo. Dos cosas completamente indiscutibles son la inmensa comodidad de la máquina y la potencia del motor. Según mi artillera de cola, el asiento del pasajero es "como el sillón de casa" y es un enorme placer apretarle la oreja al animalillo y sentirte catapultado hacia delante. ¡Eso sí! ¡Acuérdate de frenar antes de la próxima curva!


Salimos de Las Vegas hacia el sureste por la Highway 93 y en seguida nos desviamos hacia el noreste por la East Lake Mead Parkway para luego bordear el Lago Mead y llegar hasta la famosa Presa Hoover que hace frontera entre los estados de Nevada y Arizona. Ingenuamente pensé en que no habría mucho que ver hasta llegar a la Boulder Beach Highway que discurre al lado del lago pero me equivocaba. Simplemente por atrevernos a salir de Las Vegas, Nevada nos premiaba con paisajes desérticos y alucinantes, llenos de magia. Carreteras interminables bajo un inmenso cielo azul, del que colgaba un sol abrasador, rodeados por una tierra rojiza donde sobreviven con mucha dificultad unos arbustos medio raquíticos. El paisaje nos sobrecogía y nos dejaba sin aliento. Y resultaba más espectacular al llegar a Lake Mead, el desierto de agua. La sensación era de completamente alucinante: montado en una enorme moto, con mi chica de paquete, el viento en la cara y el sol en la espalda y en el MP3 sonando "Born to Be Wild".


 Una vez que hubimos entrado en el Lake Mead National Recreation Area, que debe de ser como la "playa de Las Vegas", encontramos una de las construcciones más sorprendentes que he visto en mi vida ¡Un baño en el medio del desierto! Menos mal que estos americanos dan en todo ¡Imagínate que te entra una urgencia en medio del desierto! ¿Qué haces si no encuentras un baño? En fin...

La magia terminó al llegar a la incorporación a la Highway 93 que lleva hasta la Presa Hoover. Todo Las Vegas ha pensado en visitarla y nos metemos en un atasco de 4 millas hasta la presa. Además como he dicho antes las motos en Estados Unidos no serpentean ni usan el arcén ni nada... Y como donde fueres haz lo que vieres ¡Nos toca aguantar la fila!


La avalancha de turistas sobre la presa es tal que se nos antoja que ésta, sólida frente al envite del Río Colorado, va a ceder bajo el peso de la masa de cuerpos pululantes. Aparcamos en un "huequito", echamos un par de fotos y vuelta para Las Vegas por la Highway 93 ¡Hay que devolver la moto a tiempo no vaya a ser que les dé por no devolvernos la fianza! He hecho realidad un sueño: ¡En Goldwing por EEUU!

sábado, 6 de marzo de 2010

Zapatos para Julieta

Julieta, mi Honda Deauville,  ya tiene 15000 kilómetros y todavía conserva las ruedas originales, unas Bridgestone Battlax BT020. Son unos neumáticos de tipo sport-turismo que me han dado bastante buen resultado, como demuestran los kilómetros recorridos y si no estuviese lloviendo tanto este invierno trataría de alargarlos un poco más.

Me anima aun más a cambiarlos el que son unos neumáticos antiguos,  Bridgestone los ha sustituido por los Battlax BT021 (que además van a ser sustituidos pronto por los BT023). En cuanto a rendimiento no tengo demasiadas quejas: en seco siempre me han proporcionado un excelente agarre, desde el centro hasta el hombro del neumático; y han tenido una duración sobresaliente. Los puntos débiles de estos neumáticos son: los ligeros sustos en mojado, sobre todo sobre las líneas blancas, más en frío aunque también calientes; y sobre todo muchas vibraciones en el manillar, el dibujo del canal central de la rueda delantera provoca un tremendo temblor. Tiembla tanto que al día siguiente de tener la moto llamé al concesionario y pese a sus objeciones les obligué a hacerme un equilibrado de la rueda delantera. Sobra decir que el resultado fue que la rueda estaba equilibrada.

Mi experiencia con las dos ruedas no es larga. Antes que a Julieta sólo tuve una Kymco Venox, de tipo custom y que me duró los dos años de limitación obligatoria. Cuando la vendí tenía 12000 kilómetros y los neumáticos originales prácticamente intactos, unos Maxxis que en frío parecían más cuchillas de hielo que ruedas de moto. Nunca me había parado a pensar la ardua tarea que es elegir un neumático para una moto de "touring", son muy exigentes con los neumáticos. No son motos tan explosivas como las "racing" pero tampoco son motos tranquilotas como las "custom". A los neumáticos se les exige una dosis bastante elevada de deportividad y a la vez una alta durabilidad. La goma con que se fabrican en la actualidad todos los neumáticos de "touring", al menos los de las grandes marcas, son del tipo bicompuesto. La banda de rodadura, la zona con que la rueda toca el suelo mientras rueda vertical, está fabricada de un compuesto más duro que los flancos. Esto garantiza una larga vida del neumático en autopista, por ejemplo. Los flancos que es la zona donde apoya la rueda en las tumbadas están fabricados de una goma más blanda que asegura buen agarre en curva.

Las opciones posibles para son: Bridgestone Battlax BT021, Metzeler Z6, Metzeler Z6 Interact, Continental Contiroadattack 2, Dunlop Sportmax Roadsmart, Pirelli Diablo Strada, Pirelli Angel ST y Michelin Pilot Road 2.

¡Vamos a jugar a los descartes! En primer lugar voy a desestimar el BT021 ya que lo van a sustituir pronto por el BT023. ¿Para qué lo voy a probar si aunque me guste no voy a poder repetir con él?. ¡Uno menos! Sigamos... Buscando información por internet me crucé una comparativa algo antigua de la revista La Moto (nº207 de Julio de 2007). Según ésta el Pirelli Diablo Strada y el Metzeler Z6 son muy parecidos y junto con el BT021 de prestaciones algo inferiores al Michelin Pilot Road 2. El resto de neumáticos quedaban por debajo en la clasificación. El Pilot Road 2 es el neumático que todo el mundo te recomienda, parece que no queda otro remedio que montarlo. Según varios comentarios en foros de personas que lo tienen o lo han probado, es un neumático fantástico, con muy buena durabilidad y muy buen agarre y comportamiento en curva pero muy frío, hay que rodar varios kilómetros de curvas antes de que el neumático adquiera la temperatura óptima de trabajo. Esto obviamente favorece la durablidad pero penaliza los desplazamientos cortos. Sin duda si no usas la moto más que para viajar o hacer salidas es tu neumático. Pero yo también uso la moto diariariamente para ir al trabajo. Son sólo 11km por Madrid, en que vas despacio, pasando sobre las líneas blancas de los pasos de cebra y que cuando llueven son auténticas trampas. ¡No me valen unos neumáticos frios! Tristemente tengo que descartar el que parece el "rey" de los neumáticos actuales, los Pilot Road 2.

Las dos opciones que me quedan son los Metzeler y los Pirelli. Según el propio Pirelli los Angel ST, que han salido después de la comparativa, son superiores en duración y en prestaciones al Pirelli Diablo Strada y puesto que éste es muy parecido al Z6, el Metzeler también debe ser peor que el Angel ST. ¡Por la chimenea de la Capilla Sixtina sale la fumata blanca! ¡Habemus Papam! Pese a la insistente recomendación de mi mecánico de montar los Michelin, me decido definitivamente por los Angel ST. ¿Cómo se comportarán en carretera? ¿Tendrán una buena duración? Espero poder contarlo próximamente.

(Continúa en Zapatos para Julieta 2ª Parte)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Estrella de Javalambre

Estrella de Javalambre es una concentración motera invernal a semejanza de la famosísima Stella Alpina de los Alpes Italianos. Se celebra en el pueblo de Manzanera, al sur de la provincia de Teruel, entre valles profundos y picos nevados y silenciosos, muy cerca de las estaciones de esquí de Javalambre y Valdelinares. La singularidad de esta concentración es el subir en moto hasta el pico de Javalambre por una pista de tierra para recoger la estrella. Lamentablemente en nuestro caso no es un edelweis, sino una insignia con forma de estrella. Julieta Valiente, mi Honda Deauville, no es una moto de trail y no sé cómo se va a comportar en tierra... No sé si conseguiré el codiciado tesoro pero no sólo eso es lo importante: disfrutar de los amigos, de la ruta, tener nuevas experiencias...

He quedado en Manzanera con mis amigos Jano y Pau que vienen desde Barcelona y también irán a la concentración Monche y Corchopan amigos de éstos pero que no conozco. Yo salgo desde Madrid.


En moto no me gusta viajar por autopista, he planeado salir de la A-3 tan pronto como sea posible y seguir por nacionales y comarcales. Entre Tarancón y Cuenca la autovía está en obras en un tramo bastante extenso y se convierte en una carretera en obras, peligrosa, incomodísima y llena de rotondas. Antes de llegar a Cuenca dejo definitivamente la autovía, en la salida 174. Comienzo a sentir el cansancio y del otro lado de la autopista se ve una gasolinera con una cafetería muy prometedora. Aprovecho para llenar el depósito y para descansar un rato. La cafetería es aun mejor de lo que parece y me bebo una Cocacola memorable, sentado en un comodísimo sillón y tomando el sol a través de unas cristaleras con una preciosa vista. Se la recomiendo a todo el mundo.


Continúo mi camino por la N-420. Es una carretera buena y ancha que discurre a través de los paisajes frondosos de las estribaciones de la Serranía de Cuenca. A partir del primer pueblo, Fuentes, la carretera comienza a retorcerse alrededor del Puerto del Rocho. Es la primera carretera divertida del viaje, Julieta se inclina Valiente en las curvas y me llena de adrenalina y emoción.


Pasado El Cañizar me desvío en la CM2250 y continúo por la CM215 hasta llegar a Landete donde tomo la N330 durante unos pocos kilómetros al cabo de los que sigo por un desvío a la izquierda. Comienzo a circular por la CM2230 ¡Qué carretera en tan mal estado! ¡Y encima en obras! Especialmente el tramo que pertenece a la Comunidad Valenciana es lamentable y tardo más de una hora en recorrer los escasos 25km que discurren por esta comunidad. Entrando en Aragón la carretera vuelve a ser transitable y en poco más de una hora de preciosos paisajes llego a Manzanera.

Me esperan, ya comiendo, mis compañeros de aventura (de izquierda a derecha: Jano, Pau, Corchopán y Monche). Las últimas 3 horas de viaje las he hecho sin parar y estoy agotado. Una sopa de verduras y dos huevos fritos con panceta y patatas fritas, junto con la agradable conversación de mis colegas me devuelven a la vida. Es el único restaurante del pueblo y está haciendo el agosto con la concentración. A todos nos parecen excesivos los 15 euros por barba del menú.


Lo peor de esta concentración es la falta de actividades durante la tarde. La organización no ha previsto nada hasta la procesión con antorchas a las 23:30 y la fiesta motera a las 24:00. Lo único que hay que hacer es ir a formalizar la inscripción en el camping. Se encuentra justo en el extremo opuesto del pueblo del apartamento que hemos alquilado pero no hay mal que por bien no venga, tenemos la oportunidad de recorrer el pueblo entero. Sorprende el excesivo ambiente custom y el escaso ambiente trail que parece el apropiado para esta concentración. ¡Si estas motos pueden subir a por la estrella, mi Julieta también!


Después de la inscipción nos quedamos tomando unas cervezas en el bar. Hay muchísima gente pero no hay demasiado ambiente motero. Los grupos no se mezclan y no trabamos conversación con nadie. En esto ha sido una concentración atípica, hemos vuelto sin ninguna nueva amistad.
 

La procesión con antorchas siempre pone el toque pintoresco a cualquier concentracion. Como ninguno llevamos acompañante y no podemos llevar antorcha no nos decidimos a participar en el desfile. Había todo tipo de engendros motorizados paseando por Manzanera, como una inmensa Goldwing con sidecar que el día siguiente nos cruzamos yendo a por la estrella.

La fiesta motera comenzó inmediatamente después. En un amplio salón municipal con paredes blancas se instaló una discoteca ambulante y una barra. La bebida tenía precios asequibles posiblemente porque que el pinchadiscos, que debía de estar en prácticas, subvencionaba el resto de la copa. Cansados de todo el día y hastiados de la mala música, nos retiramos al apartamento a echar una parrafadita y meternos en la cama.



El mayor temor de Corcho y mio era que lloviese durante la noche puesto que nuestras motos, mi Julieta y su R1200RT no llevan ruedas apropiadas para el barro. Afortunadamente el domingo amaneció una mañana seca, fría y soleada, estupenda para montar en moto. Recogimos los cinco mil bártulos que uno arrastra para una concentración y fuimos a quitarnos las legañas con un café, en un bar de pueblo lleno de moteros.


Había llegado el momento de la verdad. Las instrucciones de la organización son claras: Salir del pueblo por el extremo opuesto al camping; aproximadamente a 1km desviarse a la derecha en dirección a Las Alhambras. A partir de este pueblo la carretera deja de estar asfaltada y comienza la tierra. Es en estos instantes, en que uno se adentra en un terreno desconocido, cuando se dice "En cualquier momento me va a resbalar la rueda delantera y me voy a pegar un piñazo que aparte de destrozar la moto, va a hacer que toda esta gente se mofe de mi el resto de la vida ¿Porqué me meteré yo en estas aventuras?". Cuando poco a poco se va ganando confianza en el comportamiento de la moto en el nuevo firme y se levanta ligeramente la vista se encuentra la respuesta. ¡El paisaje es espectacular! Se avanza lentamente por una pista de tierra muy compactada rodeado de colinas que conservan los girones blancos de la última nevada. A lo lejos y delante la Sierra de Javalambre, magnífica y completamente nevada.



De repente la nieve hace aparición en el camino. Primero sólo en los bordes y poco a poco lo va cubriendo todo hasta que en determinadas partes avanzamos en fila india siguiendo las mismas rodadas. En un claro vemos una aglomeración de motoristas. ¡Hemos llegado al final de la prueba! ¡Hemos ganado la Estrella de Javalambre! La organización ha tenido que acortar la ruta por que el camino está inundado de nieve, intransitable sin ruedas especiales.


Al volver a Manzanera llega el momento de despedirse de los amigos y emprender el retorno. Jano, Corcho y Pau vuelven a Barcelona, Monche se queda unos días por la zona haciendo turismo y yo vuelvo a Madrid. Para evitar la CM2230 que en tal mal estado está, decido ir por la A23 hasta Teruel. Resultó ser un gran acierto. La N330 en el tramo de Teruel a Mas Jacinto donde se une con la N440 hacia Cuenca es una carretera divertidísima, llena de curvas y con muy poco tráfico aunque a veces el firme no es muy bueno.


En Cuenca vuelvo a parar en la misma gasolinera pero esta vez en vez de una cocacola en la cafetería, tomo un café. Hace mucho más frío que el sábado y está comenzando a chispear. A la salida me enfundo en el traje de agua que no resultó ser necesario hasta la entrada de Madrid. La gran ciudad me recibe con una ligera llovizna, en realidad llanto de tristeza porque había terminado una fantástica aventura y tendré que esperar muchos meses para la siguiente.

MrFloyd

Cambiando de aire

Hoy, después de varios meses, he visitado mi blog, éste blog. No le presto demasiada atención, me gustaría tener más tiempo para dedicarme a escribir sobre todo lo que me pasa. Con esa intención lo creé hace ya unos meses y desde entonces no he hecho referencia a casi nada de lo que me ha pasado ni de lo que me pasa. Las únicas entradas que hay son una anotación de bienvenida y una referencia a un correo electrónico de tema político, de los que suelo intercambiar con mi amigo Adriá. Nada más.

¡Por falta de experiencias que contar no será! En apenas un par de meses he hecho de todo. A saber: Estas navidades he estado en casa de mis suegros en Canarias; En la familia estamos luchando contra una enfermedad muy grave que nos ha afectado mucho a todos; Hemos vuelto un año más a esquiar a Saint Lary, donde nos ha hecho el "día de nieve de nuestra vida"; Mi novia y yo nos hemos decidido a dar el "gran paso" ¡Incluso hemos hecho el cursillo prematrimonial! Que mira que da eso para contar... ; He ido a una concentración motera, "Estrella de Javalambre" con unos amigos... Así que por falta de experiencias no es, debe ser falta de tiempo y fuerzas.

Pero como debe de ser que soy un tío superficial, lo primero que me ha chocado es la plantilla que elegí en su día para él: demasiados colores, no que sólo tuviese un par de entradas. Menos mal que en vez de pasar y dejarlo para la próxima vez en que sí tenga algo que escribir, me he dicho: "Vamos a cambiar la plantilla y a dejar una reseña de que lo he hecho". Y, ni corto ni perezoso eso estoy haciendo. He elegido otra plantilla, más sencilla de la que tenía y así, para empezar  le he cambiado el color de fondo y el tamaño de los elementos. Ha quedado mejor, creo yo.

Debería establecer una rutina. Debería reservar un par de horas, por ejemplo los viernes por la tarde, para hacer alguna reseña en el blog. A ver si me animo y lo hago. Mientras tanto seguirá triste, vacío y solitario aunque cada vez que lo visite le cambie la plantilla y le haga cien mil cucamonas más. Lo importante de un blog son las entradas y no el color de fondo...

MrFloyd

jueves, 7 de enero de 2010

Torrelaguna



Marco no llegaba. Habíamos quedado a las 9:30, en la misma gasolinera en que me había encontrado con el grueso de los Pachones hace como un mes, para ir a comer setas. El tiempo pintaba estupendo, algo más fresco que unos días atrás pero sin una sola nube en el cielo. Era un precioso día de finales de noviembre. Llené el depósito hasta los topes y aparqué en un rincón al sol. Daba un gusto inmenso dejarse bañar por los últimos rayos de sol de otoño mientras se suelta al pensamiento a volar por cielos apenas bosquejados.

Estaba tan a gusto que me debí quedar ligeramente transpuesto. El sonido del teléfono me sacó de mis ensoñaciones. ¡Marco se había dormido y se acababa de despertar! -Perdona tío, he pasado muy mala noche- se disculpa. ¡No pasa nada! ¡Es domingo a las diez menos cinco de la mañana, todavía queda todo el día por delante para derrocharlo!

Hacemos un rápido cambio de planes. En vez de subir a Rascafría y luego a Navacerrada y a la Cruz Verde, nos vamos al Pantano del Atazar que queda más cerca de casa de Marco. Esto le da tiempo para prepararse mientras yo llego hasta allí por la M-100.

Salgo de la gasolinera y vuelvo sobre mis pasos hasta el desvío a El Goloso. Tomo el tedioso desvío que atraviesa Alcobendas y San Sebastián de los Reyes por el centro. Está lleno de semáforos, rotondas, e incomodísimos “guardias tumbaos” pero ¡cualquier cosa por evitar unos pocos kilómetros de autopista!

Una vez que he dejado atrás San Sebastián de los Reyes y he pasado bajo la A-1,  continúo por la M-100. Es una carretera del tipo nacional, ancha y bien asfaltada. No tiene muchas curvas y las que me voy encontrando son amplias y rápidas. Ruedo por una gran extensión de terreno suavemente aderezado de pequeñas colinas. A ambos lados se extiende una cuadrícula interminable de campos, como si fuese un patchwork gigante, que alternan el color ocre y el verde brillante. La luz blanca del sol de noviembre brilla sobre el paisaje tranquilo. Hace un día estupendo de final de otoño: fresco, seco y soleado. Por medio de la colcha natural se dibuja el negro trazo, rápido y ondulado, de un pintor loco: el asfalto. Sobre él Julieta Valiente, mi Deauvi, rueda alegre, penetrando en el aire fresco y calmo de la mañana como un cuchillo caliente en mantequilla. Antes de darme cuenta estoy llegando a Alcalá.

 Pronto encuentro la gasolinera donde hemos quedado. Apenas me ha dado tiempo a bajar de la moto cuando Marco aparca a mi lado dándome un susto de muerte. Me estaba esperando en la rotonda por la que acabo de pasar, pero como estoy “atocinao” ni le he visto ni me he dado cuenta de que me seguía.

La moto de mi compañero es una de las Deauvilles más customizadas que he visto. Lo que primero salta a la vista son las dos enormes antenas que lleva a la izquierda del soporte del baúl: una para escuchar la radio; y la otra es el comienzo de la instalación de una emisora. –Desde pequeño me han encantado las motos con antenas- me confiesa más adelante. En la parte delantera sorprende el limpiaparabrisas marino de la cúpula. Como es más alta que la del resto de las Deauvilles y ve a través de ella, necesita apartar el agua cuando llueve. También destacan las barras portaequipaje sobre cada una de las maletas, todo está orientado a aumentar la comodidad en grandes viajes.

Entramos en la cafetería de al lado de la gasolinera a tomar un café y enlazar nuestros intercomunicadores. Es la primera vez que lo hacemos. Instrucciones en mano seguimos el complicadísimo procedimiento (estos chismes tienen demasiadas funciones y sólo cuatro botones) Tras varios intentos fallidos logramos que nuestros intercomunicadores se entiendan y sean amiguitos. Veremos qué tal funcionan en carretera… Tranquilamente ultimamos los detalles de la ruta, terminamos las cafés y salimos a coger las motos.

Estamos en territorio de Marco y él conoce bien la zona. A través del intercomunicador me va cantando todos los peligros de la carretera. Me avisa de los “guardias tumbaos “ y hablamos de lo divino y lo humano. ¡Qué bien funcionan los intercomunicadores! Subimos desde Alcalá pasando por Camarma de Esteruelas (siempre supe que terminaría pasando por este pueblo) y Ribadejar en dirección a la N-320 que nos llevará a Torrelaguna. La carretera es mala y peligrosa. Está jalonada de casitas construidas prácticamente al borde de la carretera, con el peligro que esto supone, tanto para los vehículos como para los que viven en ellas. Además está sembrada de rotondas en las que han colocado un “guardia tumbao” a la entrada. Deben de hacerlo por si te descuidas o si por la noche no ves la rotonda con la suficiente antelación no tengas la oportunidad de frenar a la entrada de la rotonda y pagues tu descuido contra el jardincillo central. -¡Así prestas más atención para la próxima!- Como de pequeño me decía mi madre cuando me caía con la bici.

En la intersección con la N-320 giramos a la izquierda. El paisaje comienza a cambiar paulatinamente. Los campos son cada vez menos amplios y las colinas se apretujan a medida que nos acercamos a Torrelaguna. Los árboles de hoja perenne van reemplazando a los cultivos y se acumulan aquí y allí formando pequeños bosquecillos. Comienzan a aparecer las primeras curvas, primero rápidas y luego se van cerrando. Un par de tramos de curvas cerradas nos adelantan lo que nos espera más adelante.

No nos detenemos en Torrelaguna. La mañana está bastante avanzada y hay grupos de moteros que se arremolinan alrededor de sus monturas, en su mayoría BMW y a la puerta de los tres o cuatro bares de la plaza del pueblo. A la salida de Torrelaguna adelanto a Marco para guiar en las curvas en la subida al Pantano del Atazar. Queremos perfeccionar el método de pilotaje que ambos llevamos un tiempo practicando: “El Método de Conducción Policial, conducción proadaptativa.

La vegetación de monte bajo ha desplazado definitivamente a los árboles y el olor a jara y retama impregna el aire frío y transparente. Pero yo ya no tengo ojos ni oídos para el paisaje: la vista fija en el punto de fuga y de reojo atento al estado de la carretera y a cualquier mancha de grasa o tierra en el asfalto para cantarlo a Marco por si no se da cuenta. Comienzan las curvas. ¡Deprisa! Izquierda, derecha y otra vez izquierda. Bailo acompasadamente al ritmo que marca la carretera y mi Julieta me acompaña a la perfección. ¡Más deprisa! En un par de curvas de derecha entro un poco fuerte y rozo el estribo. La adrenalina se me sale por los lagrimales. Segunda, tercera, segunda de nuevo. Al final de una curva a izquierdas de segunda abro acelerador a fondo. Noto como el chasis se retuerce bajo el par del motor. Seis mil vueltas, cinco mil, seis mil otra vez. Un autobús nos parte el ritmo. Me siento seguro encima de la moto, todavía se puede tumbar más, el límite aun está lejos.

Nos las arreglamos para adelantar al autobús en un tramo recto y con buena visibilidad. El tío iba ocupando el centro de la carretera, que es bastante estrecha y no se ha apartado ni un milímetro al ver que adelantábamos.

¡Retomamos el baile! Curva a la izquierda, curva a la derecha… Hay tramos de umbría donde el asfalto está mojado y tenemos que bajar el ritmo, pero no perdemos el compás. A la entrada de una curva a izquierdas la carretera está manchada con arena arrastrada desde un camino adyacente ¡Cuidado!

Coronamos el puerto demasiado pronto y aparcamos en el mirador de El Atazar. El premio es una maravillosa vista sobre el pantano: azul arriba y abajo, cielo y agua y en medio, pinceladas de ocre y verde que calman el corazón, desbocado por subida zigzagueante. ¡Ha merecido la pena el madrugón y además Marco me ha grabado en video subiendo! ¡Estoy deseando verlo!

Decidimos comenzar el retorno. Vamos a seguir hasta el pueblo de El Atazar para tomar una cerveza, sin alcohol por supuesto. Ya repuestos del esfuerzo y más tranquilo volvemos a Torrelaguna y nos despedimos a través de los intercomunicadores. Marco vuelve a Alcalá y yo voy a cruzar la A-1 para coger la carretera de Colmenar y volver a Madrid después de una fantástica mañana de moto.

MrFloyd